domingo, 23 de noviembre de 2014

UNIDAD 4. LA CORRECCIÓN EN PRUEBAS EXTERNAS. Actividad 1.¿Cómo corriges?

PROSEGUIMOS en esta singladura de las evaluaciones externas y sus posibles prácticas en las aulas. Tras leer todo lo relativo a los resortes conceptuales de las pruebas, sus tipos, marcos teóricos y demás características, pasamos a centrarnos en el proceso de evaluación de las mismas.
En primer lugar, conviene tener definido que es una"unidad" dentro de los criterios de evaluación de este tipo de pruebas. Como ha explicado David Cervera, la unidad es el conjunto relacionado de un estímulo, unas preguntas, ítems, que evalúan la capacidad del discente y una guía de codificación asociada. Estos tres elementos son con los que tendremos, en última instancia, que elaborar nuestro trabajo de la unidad 4.
Sin embargo, antes de comenzar con esta tarea mencionada, debemos dejar una reflexión a cerca de nuestro propio sistema de evaluación. Las preguntas en este aspecto son concretas, a saber: ¿Nos consideramos justos, estrictos o que corregimos con manga ancha? Esta disyuntiva se propone sobre las preguntas de desarrollo, abiertas, por parte del alumno. La segunda, ¿qué procedimientos sigues para corregir por igual a todos los alumnos, hay máximos y mínimos?

En cuanto a la primera cuestión, he de decir que la propia naturaleza de la expresión oral y escrita complica la evaluación objetiva. Ahora bien, de un tiempo a esta parte, manejo, en cada actividad, una rúbrica de evaluación que presento a los alumnos antes de ser evaluados. Este instrumento me permite que ellos conozcan qué considero que el ejercicio debe desarrollar y contener. Las preguntas en las que el alumno debe escribir son totalmente evaluables con criterios objetivos. Las propiedades textuales, los procedimientos de cohesión y coherencia, la adecuación, la selección léxica, la disposición sintáctica, los elementos morfosintácticos hasta llegar a la ortografía añaden un buen corpus de criterios objetivos para evaluar un ejercicio de expresión con notable objetividad. Las tipologías textuales e, incluso, el concepto de secuencia textual, ayudan a que el profesor tenga conocimiento de los elementos, recursos y elementos pragmáticos que los alumnos deben saber aplicar a un texto escrito u oral. Por tanto, podemos admitir que no es exactamente igual corregir una actividad de preguntas cerradas que una de preguntas abiertas. Sin duda, estas últimas son las más complejas, valiosas necesarias. 
Por otro lado, ante la evolución que la metodología docente ha sufrido y, sobre todo, desde que la evaluación ha ido orillando hacia una evaluacióbn del proceso eminentemente, del desarrollo del aprendizaje continuo y no puntual en una prueba, comencé a introducir en cada pregunta de cada examen el objetivo, el criterio y el desempeño de las competencias que estaba evaluando con ella. Este sistema me ayudó mucho a comprobar cómo tenemos la tendencia de abundar en los mismos criterios y en la evaluación de las mismas competencias. Así las cosas, las preguntas de mis pruebas escritas incluyen, como digo, no solo la puntuación de calificación sobre diez puntos, sino el número del objetivo didáctico, del criterio asociado y, por ende, de las competencia clave de marras.
Los alumnos poseen en la bitácora de aula y en papel en sus cuadernos la guía de la secuencia didáctica en que se detallan cuáles son esos elementos. Siempre, al comienzo, en pleno desarrollo y al final revisamos en qué punto de la misma nos encontramos.

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